Introducción
Nueva York, sobre todo, una ciudad para caminantes. En sus calles plenas de actividad, una variedad infinita de vistas se despliega por donde quiera que vaya y el carácter de los barrios cambia a cada paso. Pintorescas casas urbanas se tocan con esbeltas torres de vidrio, a pocos metros de relucientes supermercados para paladares gourmet hay polvorientas tiendas de artículos baratos y los restaurantes elegantes están instalados en galpones cubiertos de hollín. Muchos visitantes, seducidos con la idea de caminar un poco más y luego más, a menudo se topan con los momentos más memorables del viaje.
Si camina pausadamente de un lugar a otro, con la nariz en la guía del viajero, se perderá casi toda la diversión. Mire a lo alto de los rascacielos y verá una multitud de mosaicos, tallas y ornamentos. Entre a los vestíbulos de lugares de interés arquitectónico y estudie las características, observe a su alrededor para ver a la gente real que trabaja, vive o practica su religión en esos lugares. Eche un vistazo a las calles laterales, inclusive en el atestado centro de Manhattan y encontrará fuentes, vegetación y explosiones repentinas de flores. Busque un banco o saliente donde sentarse y tómese el tiempo para observar a la multitud que pasa. Nueva York tiene tantos rostros que cada visitante puede descubrir uno diferente.
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