Convencional pero excéntrica: Los productos naturales y las tradiciones locales surgen a la vera del concurrido camino del tranvía.
"Keep Portland weird" (Mantengamos una Portland excéntrica) dicen las calcomanías en los parachoques de los automóviles. No tengo idea de qué se trata. Estoy aquí por negocios, el negocio del turismo de la infraestructura del transporte público.
Permítanme decirlo de otra manera. Estoy aquí, tranquilo, para ver cuáles son las novedades en el centro de Portland, para probar los productos de Oregon y para beber sus brebajes, para vivir en poco tiempo el sueño del sur de California de abandonarlo todo y mudarme a algún lugar barato y lluvioso. Y para viajar en tranvía.
Salgo del aeropuerto con un bolso en el hombro, coloco USD 2.30 en la máquina y subo a un tren regional llamado MAX. Cuarenta minutos después, MAX me deposita en el centro de Portland, hogar de medio millón de izquierdistas, con un promedio anual de precipitaciones de 940 mm (37 pulgadas) y demasiadas bicicletas y parquímetros solares para contarlos.
Cerca de la calle Southwest Yamhill y de la avenida Southwest 10th, me bajo de MAX, camino una cuadra y subo a bordo de la larga y estrecha cabina del tranvía. Se llama Portland Streetcar. Pasear todo el día en tranvía cuesta USD 2. Y viajar por el centro, dentro de "Fareless Square", es gratis. Tiene una frecuencia de 15 minutos.
A principios del siglo XX, los tranvías de Portland recorrían toda la ciudad, como lo hacían los Red Cars en Los Ángeles. Luego, al igual que los Red Cars, desaparecieron. Los grotescos detalles se vieron oscurecidos por las inmensas nubes de humo de los escapes de los automóviles.
En 2001, Portland comenzó de nuevo. Desarrolló una nueva línea, con un recorrido urbano similar al del tren eléctrico y al sistema de autobuses, para cubrir 12 km (8 millas). Lo que puede parecer poco. Pero en Portland, alcanza para cruzar la ciudad, sumar aproximadamente 8,800 pasajeros por día laboral, unir varios vecindarios acogedores y disuadir a algunos turistas de alquilar un automóvil.
En el extremo noroeste del recorrido, han proliferado, como conejos en primavera, selectos negocios y restaurantes. En el extremo sur, cerca del río Willamette, un teleférico de USD 57 millones comenzó en enero a trasladar a los pasajeros desde y hacia la cima donde se encuentra ubicado el campus de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregon (Oregon Health & Science University).
Mientras tanto, en el centro, el principal museo de arte de la ciudad se ha expandido a un edificio reciclado. También la principal compañía de teatro de la ciudad se amplió. Incluso el distrito Pearl (Pearl District), un antiguo casco industrial, ahora sublime y artístico, parece más elegante que nunca.
¿Por dónde comienzo?
Por un pasaje en Northwest
Comienzo por el extremo noroeste de la línea, a veces denominado simplemente Northwest, ocasionalmente llamado Nob Hill. La primera buena noticia es que mi hotel, el Inn @ Northrup Station, una empresa creada hace 6 años, ubicado en la avenida 21st, cuyo interior aparentemente fue diseñado por los Jetsons, obsequia a sus huéspedes pases libres para el tranvía. De esta manera, ya estoy ahorrando dinero.
Pero Northwest nunca ha sido un vecindario para avaros. Su tradición como paraíso para ir de compras y comer se remonta a décadas pasadas, y tanto los vendedores como los compradores reservan sus más grandes pasiones para los ingredientes naturales y los diseños locales.
En la avenida 23rd, columna vertebral del vecindario y cuyo apodo es Trendy-Third, paseo por la lujosa jabonería Lush y por el negocio de baratijas Hello Portland, abierto hace dos años.
En la avenida 21st, examino los abundantes productos del mercado de la ciudad. En la calle Northwest Lovejoy, cerca de la avenida Northwest 19th, me detengo en el Centro de Fotografía y Arte 3-D (3-D Center of Art and Photography), donde una exposición temporal (hasta el 27 de mayo) detalla la historia del dispositivo View-Master desde su invención en 1938 en, obviamente, la ciudad de Portland. (Sí, aún fabrican dispositivos View-Master, pero no en Portland.)
Para la primera cena, me reúno con los amigos de Oregon en el restaurante 23 Hoyt, un comedor elegante y conservador que inauguró a fines de 2006 en la avenida 23rd. El menú consta de una variedad de platos tales como carne de cerdo de Carlton Farms (en el vecino Valle Yamhill) y cordero de Cattail Creek (en el Valle Willamette), decorados con toda variedad de espárragos, colmenillas, brotes de guisantes, puerro e hinojos. Desde nuestro asiento junto a la ventana, vemos a un impecable hombre de mediana edad que llega a su cita en una impecable bicicleta roja. Luego, se sienta de manera tal que puede vigilar su amada bicicleta por sobre el hombro de su amigo.
Otra noche, a siete cuadras de distancia, menospreciamos lo elegante y conservador por las luces rojas y las bolas de espejo giratorias de Le Happy, un bar y restaurante que elabora estupendos crepes y bistecs. Luego continuamos con los postres en el distinguido Papa Haydn, donde bebemos brandy de manzana y pera de la destilería Clear Creek, ubicada a 10 cuadras, fabricado con frutas cultivadas a una hora de distancia.
Fue en este vecindario donde vi la primera calcomanía que decía Mantengamos una Portland excéntrica. Unas horas después, me encuentro con Jessica Hulse, de 23 años, a la salida de un café ubicado en la avenida 21st.
Está vestida de negro, con un cigarrillo en los labios y una máquina de escribir Remington portátil en la mano. Parece la recepcionista de Edgar Allan Poe.
"Es de 1922", dice señalando el teclado. Acaba de comprarla por USD 15 en una tienda de segunda mano y calcula que debe valer unos cuantos cientos de dólares. Pero no se trata de dinero, agrega rápidamente. Es por placer.
"Me encanta escribir a máquina", dice. "Es agradable después de trabajar todo el día con la computadora."
En la mesa de al lado, un hombre barbudo hace una pausa frente a su computadora portátil y asiente solemnemente.
Pearl, un distrito culto
El vecindario siguiente a Northwest es el distrito Pearl. Tras más de una década de urbanización y reutilización, abundan las galerías, los lofts, los lofts que parecen galerías, los comerciantes de té, los bares de servicio completo y, al menos, un comerciante de té con un bar de servicio completo. (Que sería Tea Zone and Camellia Lounge en la avenida Northwest 11th, donde los "marTÉnis" y la cerveza hecha con yerba mate fluyen como agua cada noche.)
Y también están los caballitos.
El artista Scott Wayne Indiana decidió en 2005 comenzar a utilizar los viejos anillos que se utilizaban para amarrar a los caballos, ubicados a lo largo de los cordones, como parte de un proyecto de arte público. Él y sus adeptos colocaron pequeños caballos de plástico de varias marcas, razas y tamaños en los viejos anillos, la mayoría obtenidos por uno o dos dólares en tiendas de descuento.
A pesar de los inevitables robos, hay un montón de caballitos junto al camino en el distrito Pearl y más allá. Si se inclina y escucha con atención, casi puede oírlos relinchar desdeñosamente ante esas selectas campañas cívicas que diseminaron grandes ángeles artificiales en Los Ángeles, grandes vacas artificiales en Chicago, etc.
"¡Mantengamos una Portland excéntrica!" escribe un aficionado en el sitio web de la campaña.
¿Portland? ¿Excéntrica? ¿En serio?
De todas las antiguas características del distrito Pearl reutilizadas con un nuevo propósito, la más destacada probablemente es el edificio Ecotrust Building, un edificio de ladrillos construido en 1895, renovado a partir de 1998 según minuciosos estándares ecológicos, desde el jardín en el techo hasta las vetustas y deterioradas tablas del piso. Por supuesto, incluye una tienda de la Patagonia en su interior. Mientras inspecciono un par de calcetines de USD 14, diviso una maraña de bicicletas debajo de un cartel portátil escrito a mano. El mes pasado, explica el cartel, el 68% de los viajes del personal fueron realizados en bicicleta, el 22% en autobús, en tren o en automóviles compartidos y sólo el 10% en automóvil.
Aquí tengo una opción. Me siento bien con respecto al pase para el tranvía que tengo en el bolsillo, pero me siento mal por el combustible consumido para traerme hasta aquí o para continuar.
Me retiro hacia el parque Jamison (Jamison Park), con su fuente burbujeante, sus bancos a la sombra, sus niños bulliciosos, sus hombres de mediana edad lanzando bolas plateadas.
Entonces, le digo a uno de ellos: ¿jugando bochas por la tarde?
"Se llama pétanque", dice Johnny Prince.
Me avergüenzo de mí mismo. Pero Prince, presidente de un club de pétanque llamado La Boule Rose, es una persona que sabe perdonar. No, más bien es un ferviente misionero.
Me explica que los miembros se reúnen la mayoría de los miércoles por la tarde y los sábados por la mañana. Me muestra cómo hizo estampar su nombre en el equipo. Señala el vecino restaurante francés llamado Fenouil. Y comienza a recordar cómo llegó a la ciudad hace cuatro años, cuando el parque aún estaba en la etapa de planificación, con la esperanza de recibir el apoyo municipal para obtener una parcela de tierra que los entendidos denominan terreno de pétanque.
Oh no, pienso, habiendo vivido en Los Ángeles 15 años. Ahora me va a contar una angustiante historia de infortunio burocrático.
"No hubo trámites burocráticos", dice Prince. Obtuvo lo que quería. Fin de la historia.
Oh.
Fuera Hollywood
El siguiente tranvía me lleva fuera del distrito Pearl, pasando la enorme librería Powell's Books en Burnside, hasta el corazón del centro.
Deambulo por el Museo de Arte de Portland (Portland Art Museum), que en 2005 se expandió al vecino edificio Masonic Temple y fue restaurado para albergar arte moderno y contemporáneo. Me asomo al vestíbulo del teatro Portland Center Stage, que se expandió al edificio de la armería de Portland (Portland Armory Building), que data de 1891, y reabrió sus puertas el pasado otoño presentando un nuevo espacio para espectáculos en su interior.
Sobre la avenida Southwest 15th, el Hotel deLuxe inauguró hace un año con una deslumbrante temática del viejo Hollywood. En la calle Southwest Washington, el hotel Fifth Avenue Suites fue renovado en febrero como Hotel Monaco Portland. En la calle Southwest Stark, el muy moderno hotel Ace sustituyó a principios de este año al viejo hotel Clyde.
¿Cuánto tiene de moderno el hotel Ace? Las cabeceras de las camas están fabricadas con ponchos militares alemanes reciclados. Los cobertores son mantas confeccionadas a medida por la fábrica textil Pendleton de Oregon. Pronto se equiparán 14 habitaciones con tocadiscos y discos de vinilo clásicos. Y cuando el encargado de relaciones públicas interno me entrega su tarjeta después de mostrarme las instalaciones, descubro que su puesto es "ingeniero cultural".
Aunque, para mi bolsillo, existe una iniciativa cultural mucho más osada a unos pasos, cruzando la calle. Allí, en un viejo club nocturno, un grupo de inversionistas ansiosos por fomentar "el sueño de algunos excéntricos productores de cine" inauguró en diciembre el Living Room.
El Living Room es, en parte, un bar y restaurante con grandes ventanas y mucho cedro en las paredes, pero principalmente es un cine, con seis salas con capacidad para 40 a 60 espectadores cada una, butacas reclinables, sillones para dos personas y demás. Si lo desean, los espectadores pueden pedir alimentos y bebidas antes de que comience la función. O también pueden alquilar una sala completa y traer sus películas caseras. Pero no espere ver nada típico de Hollywood.
"Son todas películas independientes", dice Lisa Flaherty, encargada de la boletería. "Nada de Hollywood. Y ninguna cinta. Es todo digital".
Básicamente, estos empresarios quisieron crear un lugar de encuentro para los productores independientes; no querían colaborar con las compañías que manejan la distribución tradicional de películas en los Estados Unidos. Por eso, mientras el resto de los Estados Unidos ha hecho fila para ver "Deslizando a la Gloria" (Blaze of Glory) y "La familia del futuro" (Meet the Robinsons), los clientes del Living Room han elegido entre propuestas tales como "Darius va al oeste" (Darius Goes West), un documental estadounidense realizado en 2006 que trata sobre los esfuerzos de un joven en silla de ruedas para participar en el programa "Enchúlame la máquina" (Pimp My Ride) de MTV, e "Historia de un agujero" (The Hole Story), una comedia realizada en 2006 que trata sobre los esfuerzos de un extraño por desentrañar un misterioso agujero en el hielo en un lago de Minnesota.
De regreso a casa, en la tierra de los magnates de las películas, discretamente promoveré el Living Room. Pero ahora, debo tomar otro tranvía, debo catalogar otro ramal de la subcultura de Portland.
Volar por el aire
Subo a bordo del atestado tranvía con dirección sur y paso junto a la Universidad Estatal de Portland (Portland State University) mientras me dirijo hacia el final del recorrido: South Waterfront, una antigua zona industrial en desuso que abunda en equipos de construcción. Este es el siguiente vecindario de Portland.
La primera torre de condominios inauguró el año pasado. La línea de tranvía está programada para que en julio se adentre un poco más en el futuro vecindario. El centro de salud de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregon, otro gran edificio ecológico con jardines en los pisos superiores, ya rebosa de médicos y pacientes. Pero la principal atracción es el nuevo teleférico.
Una forma rápida de viajar. Por USD 4, puede pasear durante tres minutos y observar las envolventes vistas panorámicas de las copas de los árboles, las azoteas, los rascacielos del centro, al menos cuatro de los puentes que cruzan el río Willamette y, en los días claros, las cumbres nevadas del monte St. Helens y del monte Hood. Debido a que no hay mucho por hacer para los turistas en la cima del campus de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregon (OHSU), descenderá pronto y se preguntará qué sigue.
La respuesta es simple. Otra grandiosa vista panorámica, asientos mullidos y un rápido acceso a bistecs, mariscos y alcohol en el restaurante Portland City Grill. Está encaramado en el piso 30 de un alto edificio del centro ubicado en la avenida Southwest 5th, en una zona que ha albergado restaurantes por casi 20 años. Se asciende rápidamente en elevador. Y es muy acogedor.
Y dado que estoy en Portland, debo mencionar los ascensos y descensos preferidos por las personas que se reúnen los domingos a la noche en Rocco's Pizza.
Se autodenominan Zoo Bombers (Los bombarderos del zoológico) y muchos de ellos pedalean inventos personalizados fabricados con bicicletas para niños. Los principiantes piden prestadas bicicletas al pabellón de bicicletas ubicado en la avenida Southwest 10th y la calle Southwest Oak, lo que torna al resto de la semana en una obra de arte pública.
En primer lugar, los Bombers toman el tren MAX y se dirigen al zoológico de Oregon (Oregon Zoo) en las colinas. A veces, algunos beben un poco. Luego, montan sus bicicletas y se lanzan cuesta abajo por el oscuro boulevard Southwest Fairview y por otras pronunciadas calles residenciales.
¿Vecinos molestos? ¿Peligro? ¿Sangre? Sí, sí, sí.
"Nuestros empleados no han tenido mucha suerte en esto", reconoce John Harrison, de 38 años, empleado de Rocco, una tarde entre los clientes. "Cada uno que lo intenta parece estrellarse y lastimarse bastante."
Con esto en mente, Harrison ha ideado su propia estrategia. Desciende la colina, claro, pero en forma diferente. En patineta.
"Keep Portland weird" (Mantengamos una Portland excéntrica) dicen las calcomanías en los parachoques de los automóviles.
Totalmente de acuerdo, digo. Pero si no le molesta, haré el recorrido en tranvía.
- Por el cronista Christopher Reynolds, Los Angeles Times
4 de mayo de 2007