Sábado 10 de julio de 2004
Por Cindy Loose, The Washington Post
"New Braunfels consigue el reconocimiento de muchos en todo el país gracias a Schlitterbahn"
En el corazón de Texas Hill Country, una región carente de litorales, remonto una enorme ola. Durante cerca de 30 segundos, antes de chocar y ser derribada en un fuerte remolino, comprendí la gloriosa emoción de practicar surf.
Además, por insistencia de mi hijo de 11 años, enfrenté mi miedo a las alturas y me arrojé de cabeza por un tobogán de tres pisos del centro turístico y parque acuático Schlitterbahn. Eso me da el valor necesario para permitir que me lancen con chorros de agua por el Master Blaster, que catapulta nuestra balsa de hule a una altura de seis pisos, y luego nos suelta como un barril por las Cataratas del Niagara.
Los inmigrantes alemanes poblaron New Braunfels y el poblado vecino de Gruene en el siglo XIX. La mayoría de sus construcciones siguen en pie, incluyendo casas con marcos de antiguo estilo alemán — mitad madera, mitad albañilería. El río Comal, alimentado por manantiales, serpentea por New Braunfels, y un pasatiempo que se practica a menudo consiste en holgazanear en el río durante los días de verano. Aquéllos con espíritu aventurero a quienes las atracciones del parque acuático no les parecen suficientes, viajan a Gruene, en donde el emocionante río Guadalupe les ofrece aventuras en rápidos.
A principios de 1970, Bob y Billye Henry compraron un pequeño hotel en el río Comal en New Braunfels. En 1979, construyeron una estructura de 60 pies pensada para parecerse al Castillo Solms de Braunfels, Alemania —hogar de los colonos originales. A los lados del falso castillo agregaron cuatro toboganes con agua suministrada del río, y llamaron a su obra Schlitterbahn ("camino resbaloso" en alemán).